Tenía guardados unos tarros para la pasta, del artesano MIBAKO.

Quería que parecieran esmaltados muy usados. Así que primero los pinté de blanco y los marqué con negro por algunos lados. Después los cubrí con barniz cerámico y por último un poquito de Betún de Judea. Creo que el resultado es satisfactorio, pero me parece que yo nunca guardaría mi pasta en unos tarros tan ajados.





